Hace algunas semanas tomé un taller de escritura para la interacción de usuarios en plataformas digitales (Ux Writing). Sol – que hace honor a su nombre, por su mediación empática y llena de acompañamiento- nos dejó un par de tareas previas al taller. Una de ellas consistía en hacer un ejercicio a tres voces: teníamos que leer tres cuentos y escribir sobre una papa vieja, como si fuéramos cada una de las personas autoras de los relatos. En total serían tres párrafos. La tarea me emocionó. 

Leí cada uno de los cuentos con detenimiento. Me pregunté: ¿De qué hablan? ¿Cuál es el tono? ¿Es sórdido, juguetón o mordaz? ¿Es melancólico o romántico? Luego, vi la construcción: ¿Cómo es la sintaxis? ¿Son enunciados cortos o largos? ¿Cómo es la puntuación? y finalmente, me pregunté por el cómo se enuncia la narración: ¿Usan figuras retóricas? ¿Metáforas, hipérboles, comparaciones? ¿Qué hay de las repeticiones y los sonidos? ¿Es un lenguaje que se acerca a la oralidad?

Después de ‘impregnarme’ del estilo de cada texto, estaba dispuesta a emularlo. Me sentí muy bien con el análisis que hice para eso. De hecho, muy bien. Esta metodología la seguí con cada uno de los cuentos. Hice mis tres párrafos. Y me presenté a la sesión. 

Fuimos muchos. Cuando llegó el tiempo de revisión, empezamos por la primera tarea, que había sido buscar ejemplos de cómo no estaban aplicadas las heurísticas de Nielsen en diversos casos de la vida real. A mí me tocó buscar sobre la heurística 2 (‘El sistema debe hablar el idioma de los usuarios’) y puse un ejemplo que, si son mexicanos, recordarán bien: la postración. 

Si no son mexicanos, el resumen breve es que el gobierno de mi país implementó unos cuestionarios de registro para la vacunación contra el COVID y una de las preguntas que la población tenía que contestar fue: ¿está usted en estado de postración? por supuesto que las búsquedas en google de dicha palabra subieron hasta el cielo. Y por supuesto, los memes no se hicieron esperar. Yo mencioné: “Falló en la heurística 2, porque no hay correspondencia con el mundo real. Ese vocabulario no es común a los usuarios. Quizá la palabra la entiende el personal médico, pero los usuarios de a pie, que son los que necesitaban registrarse por medio de este cuestionario, no”. Mis compañeros concordaron. “Tamaña joya de México trajiste”, dijeron.

Luego, pasaron varias personas más. No dio tiempo de revisar nuestros ejercicios de voz y tono con la papa. Pero para cerrar el taller, Sol preguntó: “Quiénes de ustedes estuvieron viendo una papa al momento de escribir? ¿Quiénes fueron por una al refri?»

Pocas personas alzaron la mano. Alguien abrió el micrófono y dijo: yo no tenía una papa al momento de hacer el ejercicio, pero busqué en internet cómo se veía una papa vieja. 

Yo observaba mi pantalla, con la hoja abierta y mis tres párrafos. No. No había ido por una papa vieja para escribir. Tampoco había buscado en internet cómo se veía una. 

Alguien más abrió el micrófono y dijo: “bueno, yo no vi una, lo hice con el recuerdo en mente, pero, más bien, escribí emulando el tono y el estilo y me fijé en las construcciones del lenguaje”. “Eso es muy importante” -prosiguió Sol – “pero también lo es saber de qué estamos hablando”. 

No sólo pensé, por supuesto, en la experiencia de usuario/a. Escribimos para él/ella, siempre. No sólo pensé en la importancia de las pruebas de usabilidad (uno tiene en la mente algo, pero la persona que opera las plataformas o las aplicaciones puede requerir otras cosas). No. Pensé en el despliegue de recursos;  en el análisis hermoso en el que a veces el pensamiento se regodea. Pensé en las teorías y los escenarios; en esa habilidad eficaz, viva y elocuente de leer fenómenos y crear estrategias. Y pensé cuántas veces todo ese despliegue se vuelve un florilegio si no toma en cuenta la realidad de la que, se supone, habla. 

    Reflexiono sobre la teoría sin cuerpo (en los artículos o en las cátedras, pero también en las relaciones personales). 

La papa es la realidad, me dije. Que no la obvie por embelesarme en el tren de mi propio pensamiento. Y que no crea que mis análisis son más importantes que ella. 

Samia Badillo

taller de escritura